Me pregunto

Art by: Zaw Ye Myint (from India member of DeviantArt.com)
En algunos momentos de mi vida me pregunto si escogí la carrera adecuada, si estudié lo suficiente, o si soy incluso feliz… Bueno, la verdad es que nunca estudié lo suficiente porque nunca tuve maestros prácticos sino teóricos. Ciertamente la formación tradicionalista de todas las escuelas y colegios de este país no le permite a los individuos no tradicionales, con destrezas muy simples o muy complejas, progresar, enriquecer su estima y encaminarlos a un mundo donde sus destrezas sean necesarias o rentables, siendo, por el contrario, menospreciadas, pisoteadas o pasadas por alto sus habilidades en áreas que sólo pocos pueden dominar como las artes en cualquiera de sus formas, destrezas mecánicas, manuales o de otra índole.
De esta pesada y muy amarga manera hemos hecho un desbarajuste tal donde pocos tienen y muchos necesitan, hemos creado tiempos de tal incertidumbre que nos miramos al espejo y vemos múltiples personalidades en nosotros, sólo que todas ellas desenfocadas, desenfrenadas camino al casi seguro fracaso. Hemos llegado a días donde no se consigue gente honesta para limpiar un hogar, donde los jardineros cobran más que algunos profesionales, donde los plomeros están colegiados para cortar y pegar tubos PVC… donde hay una amplia gama de imbéciles con títulos en escalas sociales y salariales en donde antes sólo podíamos imaginar a un erudito, a un gran filósofo o un gran humanista o algún gran estudioso perenemente insomne sediento de sabiduría.
Crecí escuchando la vieja disyuntiva de nuestros abuelos: la profesión o el oficio. Si de mis abuelos quedase alguno vivo y pudiese conversar conmigo hoy, de seguro que me diría: mijo ves por qué es bueno saber hacer algún oficio… seguro que algo de razón tendrían porque hoy día hay que hacer de tripas corazones para sobrevivir y ya casi ni existen zapateros, aún ando pensando cuántos pagaríamos por uno en vez de tener que comprar unos nuevos con lo complicado que anda el panorama.
Crecí mirando desde la venta los colores porque por alguna razón incomprensible mi falta de noción del tiempo en mi niñez me impidió en diferentes momentos mi libertad, siendo así mi distracción producto de largos castigos encerrado en un cuarto mientras observaba a mis amigos correr y disfrutar de su libertad… supongo que desde entonces mi mente maquinaba colores e historias de algún mundo donde al otro lado del río que dividía las fronteras de las cuatro paredes que me encerraban y el mundo libre que deseaba experimentar estaba lleno de detalles simples brillantes e imperceptibles para la mente de un adulto.
Así mi subconsciente me arrastraba a hincar mis rodillas en la tierra ante una flor silvestre, y obsequiársela a personas a las que amaba como a mis hermanas o a mi abuela como una especie de simbolismo de la libertad de mi mente. Pasé mi infancia imaginando que podía construir algo grande como un inmenso barco de vela donde montar a mis amigos y zarpar a un mundo lejos de mis padres… cosa que hasta el día de hoy ha sido imposible por una combinación de elementos conspiradores en contra de la creatividad individual y los métodos tradicionales de educación donde todos tienen que ser médicos, abogados, ingenieros y más recientemente arquitectos, porque todos los demás seremos basureros, como si yo hoy día no amara a mis amigos invisibles los basureros, los llamo invisibles porque laboran en horas donde normalmente duermo y los amo porque si no viviría en semejante pestilencia que no sé si realmente viviría, para ser un poquito redundante.
Así llegó el día donde tenía que decidir qué sería de mi vida al entrar a la universidad. decidí que sería un ingeniero que iba a hacer cosas grandes y alguna desorientadora me dijo que no tenía puntos suficientes, aquella mentira de aquella desorientadora porque si contaba con el promedio para estudiar lo que quería, me costó reencontrarme conmigo mismo y con mi subconsciente visual, con aquellos tiempos de encierro en mi habitación, conmigo y mis ojos, con los colores y la libertad, optando por hacer una carrera en algo de lo que muy poco conocía, pero que según mi sabio padre me mantendría cerca de la tecnología y las computadoras que tanto me gustaban y tal vez algún día podría reencaminar mi vida a ser ingeniero.
Con el reloj contado, como para todo en mi vida desde mis viejos castigos y mis largas horas de encierro, decidí seguir la locura de mi padre, sin él o yo imaginarnos que en esto del diseño gráfico sería donde iría perdiendo mi vista leyendo las letras que nunca leí en mi escuela preparatoria; ambos ajenos al futuro y a la pasión que volverían a despertar en mí los colores reales, las computadoras, o esa gran gama de millones de colores virtuales.
En el diseño descubrí que podía crear máquinas complejas en programas de diseño tridimensional y que podía pintar, cortar, pegar y editar mi propio mundo, ése que dicto yo y mi subconsciente, el que yo mismo organizo, le doy sentido y hago que los demás traten de interpretar… Sin querer mi padre me llevó a un mundo sin límites ni barreras donde los demás son lo que algún diseñador dijo que serían, que vestirían, que comerían o que detestarían… la invasión y perturbación de la mente por el ojo.
Todos compramos una etiqueta, porque de no tener etiquetas los productos, daría lo mismo vestir las camisas de CK o de panchito, y costarían lo mismo y todos seríamos individuos similares y no únicos como las campañas publicitarias sugieren que eres al comprar su producto.
Entonces, después de mucho tiempo descubrí que llegué por equivocación y afinidad inconsciente y divina de mi padre a la profesión que me gusta y que me permite reencontrar en cada color un significado, en cada forma una historia, en cada producto una identidad, en cada identidad una oportunidad para sumergir a los demás en el mundo de mis colores desde mi ventana. Descubrí que soy feliz, al menos en los momentos donde aprendo y descubro una manera nueva de masticar la realidad en la que vivimos y escupirla en los ojos ciegos de la ignorancia… descubrí que podía hacer de mi vida una oftalmografía.
