SANTO ESTRENO


Esta semana santa es distinta de otras tantas. Para esta fecha todos los años los medios se encargan de tener un catálogo de ofertas sobre la santidad, la iglesia, la superación, el cristianismo y la bayoya que hace que haya una semana libre en lo que sería el corazón o el pecho del año. El año se divide en festividades, fin y principio de año, vacilón garantizado. Mediados de año, vacilón garantizado. Pero tal vez eso mismo es lo que hace que la gente espere los quickies del año con gran emoción. Estos quickies son 2, la Semana de Mayor vacilón (playa, arena, sol, buen clima, sin huracanes ni lluvias torrenciales) y la Santa Gracia del Pavo, que da un vacilón de premonición, pero ya el otoño está atravesando el año y la joda puertorra no es igual, es más bien un vacilón alcohólico pero de mediano recogimiento familiar. Es decir, la juma no se coge en la playa, sino en la casa.

Pero esta semana ha sido distinto, las historias no son de monjitas en sus claustros haciendo pan, galletitas u hostias. Son historias poniendo en jaque el celibato, la viabilidad de una iglesia caduca, venida a menos y para colmo manchada con tinta indeleble de la peor. Nuevas acusaciones salen por toda Europa contra la iglesia del papa. Es la semana de la Santa Impunidad. Curas de todo tipo, fervientes creyentes con vocación darán misa a la misma vez que fervientes calenturientos alrededor del mundo, que llevan a cuestas la carga de haber trastocado la intimidad de miles de jóvenes por todo el globo. Y mientras tanto, ¿qué hace la iglesia?, bien gracias, preparándose para el Santo Vacilón, para las trillitas que le dan a las estatuitas de sus santos, sacándose el ramito con el que ahorcan la fe,  lavándose los piesitos unos a otros como quien juega a cambiar de medias, sacándole brillo a las carrozas y a las cruces y ensayando las cancioncitas de culpa. Todo está listo para el reestreno del show del año, mientras miles de adultos anda purgando sus miedos, su silencio, su vida manoseada, la iglesia prepara la parada, el carnaval de penas y da la espalda a la desgarradora y escandalosa impunidad. Denuncias, demandas y pagos en metálico, pero, ¿quién pasa un día en cárcel por haber tocado niños del coro, monaguillos que creían que sus guías les enseñarían a ser mejores, que los curas serían su Virgilio conduciéndoles a la santidad? ¿Dónde están los juicios? Aquí hace falta que se dé en nuevo Nuremberg. Así es, parece que hace falta una nueva y laica Inquisición. La institución que juzgaba sin juicio justo, que mataba gente en cruzadas y patíbulos, que quemaba vivos a hombres y mujeres, sí, y de ésas muchas más, ésa que el alto líder tropicalísimo, en un ataque provocado por el calor casi veraniego de este cayito de lava, indica que no es una institución de base moral, ésa misma iglesia, casa ilustre de verdugos, hoy debería ser juzgada por los ciudadanos, por el Estado, del que se separan cuando les conviene y con el que copulan cuando le necesitan.

¿Hasta cuándo se les mandará a castigos turísticos a aquellos que se aprovecharon de su poder y autoridad para violar y sodomizar niños? ¿Hasta cuándo tendrán trato de primera clase criminales que en la sociedad civil serían enjuiciados y encarcelados? ¿Hasta cuándo estos sujetos con educación de primera se refugiarán detrás de sus cruces y sus trapitos para escapar del alcance de la mano de la ley de los hombres, ya que la de dios no les está persiguiendo? ¿Hasta cuándo la gente que tiene el monopolio del perdón a través del “camerino” de los confesionarios (donde se trasviste la iglesia y hace de lobos bellos corderitos) dejará de estar jugando a la sillita, ahora te confiesas tú y te perdono yo, y ahora me confieso yo y me perdonas tú? ¿Hasta cuándo el Estado chabacano y  pajero se hará de la vista larga y tocará a esta partida de maleantes en faldas?

Parece mentira que la santurrona iglesia no venga a menos por falta de fieles, ni porque la gente se volvió crítica y se cuestionó cuanto mito se copiaron de la antigüedad griega, romana, etrusca, persa y de todas las demás, y que termine por colapsar tras largos siglos porque no le quede un chavo más para pagar daños. Si la iglesia tuviera que resarcir los daños a todos los que ha mancillado ya sea por tocamientos o por mentiras para engendrar el miedo, pronto veríamos hasta los cáliz en la casa de empeño. Pero eso no cambiaría nada, excepto por el aspecto legal de la bancarrota, si no surge una reforma real de las políticas de la iglesia. La fama de los papas es superior a la de los rock stars, y con Michael Jackson muerto ya no hay competencia real de audiencias. Si el papa se asoma a la ventana, millones de personas miran, decenas de miles desde el propio lugar y millones por cada medio de comunicación. Con semejante audiencia, ¿cómo es que no acaban de hacer un verdadero acto de contrición? Que hagan de ese espacio su confesionario y admitan sus culpas y sus actos frente al pueblo que les puede exonerar pero esta vez con algo más que padresnuestros y avemarías. Vivimos escandalizados por la corrupción política y no hay “país”, no hay Estado con más corruptos por burocracia cuadrada que el Vaticano. Criminales que tocaron, intimidaron y afectaron niños, criminales que los encubrieron, criminales que movieron a unos y otros para disipar el rumor, criminales que negaron que hubiera pasado, criminales que justificaron que pasara, criminales que callaron y conspiraron, criminales y más criminales de todos los colores, con todos los gorritos habidos y por haber, de todos las sotanas, descalzos y con sandalias, de monte y de ciudad. Criminales que no pensaron que empañarían la reputación de sus pares decentes, que les valió una hostia el cuento de Cristo y el prójimo. Criminales que aprendieron a dar misa y a partir el pan.

Pero esto no ha sido un mal exclusivo de los católicos, como de ahí vienen todos los demás, igual migraron todas las faltas al resto de los prácticas religiosas disidentes. Los protestantes también quemaron gente, también persiguieron gente y también han tocado niños pero al menos no los encerraron en confesionarios ni crearon liguitas pampers de efebos para acompañar a sus pastores. Éstos ha preferido a las niñas porque están al alcance. Como los sacerdotes son un club privado de chicos, pues en su mayoría chicos fueron los tocados. En una semana como ésta no podré más que mirar las procesiones con ojos más perturbados que en los años pasados y miraré con temor al cortejo de niños, sin saber si ahí va alguno que se someterá a su estreno esta semana.

Y en medio de esta reflexión irrumpe una noticia, que parece frívola ante tanto escándalo, Ricky Martin confirma lo que todo el mundo sabía, en un acto confesional de lunes santo para estrenar de verdad la semana en grande. A ver ahora cuánto de la perorata cristiana flageladora queda amainado por el recogimiento, el amor infinito que se recuerda en la semana de mayor bayoya caribeña. El cuerpo de Ricky Martin es el nuevo cordero en sacrificio. Sin cuestionar a qué podía tenerle miedo uno de los inexplicables dioses de las masas internacionales, existiendo dioses como Elton John y George Michael que han sido abiertamente gay desde hace décadas, sí someto a cuestionamiento el dolor profundo que deja ver a través de sus expresiones. Su comunicado parece dar cuenta de un sujeto tranquilo y feliz, pero al mismo tiempo deja manifiesto el tormento que vivió hasta el día de hoy. Gran parte de ese velado tormento que le impidió por décadas decir la verdad en entrevistas y tal vez incluso entre familiares y amigos, nace y se regodea en las bases de las creencia religiosas más retrógradas, de una comunidad entera de creyentes del cristianismo que alegan que el Apocalipsis está lleno de metáforas suceptibles sólo de ser interpretadas por los más grandes sabios e iluminados hombres, pero que cree que las frases del Génesis son materia llana que se despacha con “macho y hembra los creó”, joder.

La iglesia (y en este caso caen todas en el mismo zafacón)  que ha permitido el abuso de miles de jóvenes es la misma institución esquizofrénica y mojigata que ha juzgado por siglos la homosexualidad y a los homosexuales, tapándose con un cuento pendejo de “odiamos el pecado, no al pecador”, que significa somos unos hipócritas que no nos atrevemos a decir de frente que somos homofóbicos y por consiguiente faltamos al amor de la prédica de todos los días. Con esa misma frase supongo que justifican la tapadera de los abusos. Bien, aborrecemos el pecado porque eso es lo que odiamos, pero al pecador ( que en este caso representa a los curitas alegres que andan bajando zippers) no lo odiamos, lo protegemos, lo resguardamos, lo amapuchamos, lo escondemos hasta que no haya moros en la costa. Pues bien, sepan que en estos tiempos hay moros en todas las costas, en los tiempos de la globalización y la informática los moros somos insomnes, escribimos, denunciamos, alzamos la voz y no comemos cuentos ni hacemos cuentas del rosario.

Muchos, incluso tal vez “amigos” dirán que este “panfletito” puede herir sensibilidades, pues me vale madre, me vale madre hace rato, pero en esta semana del mayor descaro me vale madre mil veces más. Esta semana Ricky Martin estrena homosexualidad pública, a ver si se animan los grandes del club privado de machotes armados con cruces y de una vez estrenan la dignidad y con ellas la responsabilidad social y jurídica que han evadido por largos siglos de impunidad.

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~ by oftalmografo on April 1, 2010.

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